La avispa dormida.

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La avispa dormida.

El otro día, me dio por pensar que escribo mejor cuando estoy cabreada. ¡Que cosa tan curiosa!. Pues sí, se me ocurren más cosas ¿Por qué?. No lo sé. Imagino que en esos momentos de enfado, mi cerebro se convierte en una olla exprés, y necesita expulsar presión por algún sitio. ¡Mira! A lo mejor por eso escribo menos ahora. :).

 

Creo, que antes, me enfadaba mucho más, estaba más a la defensiva y me afectaban más las cosas, sobre todo los comportamientos de las personas. Pienso que con los años, me he calmado un poco, no del todo, eso está claro, pues tengo  el carácter que tengo, pero no me noto tan avispa cómo antes.

 

Probablemente, he ido asumiendo que tengo que pasar un poco de determinadas situaciones, ya que no por darle más vueltas a las cosas, van a cambiar, que la gente es cómo es y o lo asumes y pasas, o te vas a pasar la vida a la defensiva. Sin embargo, el mal humor que genera el estar así, lo terminas pagando con los que más te quieren. Eso no es justo, estropear buenos momentos por no haber respirado un poquito más.

 

Creo, que voy aprendiendo, poco a poco, a discernir entre lo que es realmente importante y lo que no, a valorar las situaciones y a las personas por las que merece la pena sacar los dientes.

 

Estoy convencida de que me queda mucho camino por delante, muchos días de perder los nervios, y de no conseguir bajar algún decibelio en mi tono de voz, pues el mal genio es un pequeño rumiante, al que de vez en cuando, le gusta dar por culo. Pero también soy consciente del gran número de sonrisas que he ido ganando, sólo por mantener un poquito dormida a la avispa, sólo por mantener la cerilla unos metros más alejada del fuego.

 

Y, aunque hoy no estoy enfadada, aquí os dejo mi entrada y mi opinión sobre uno de esos restaurantes que ayudan mucho a dejar el mal genio atrás, un estupendo Argentino, el Restaurante Tierra del Fuego.

 

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Palabras. Restaurante Ampudia.

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Palabras. Restaurante Ampudia.

Cerrojos de la mente, llaves del corazón, misterios perdidos del alma…

 

Suspiros ahogados, secretos olvidados, arañados recuerdos, maltratados por el pasar de los años…

 

Caricias perdidas, besos malparidos y abrazos que murieron antes de nacer, concebidos para ser grandes.

 

Gritos mudos, que quisieron ser canto, lágrimas que humedecieron el rostro y se hundieron en unos labios…

 

Ojos secos, gastados por las horas imparables del tiempo…

 

Palabras vacías, palabras vanas, palabras…

 

¿Escuchaste?…

 

Mirabas hacia otra parte…

 

Beiconcillo.

 

 

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Cambio de planes. TAO POZUELO

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Cambio de planes. TAO POZUELO

La noche del sábado pasado tenía planes con Jose, que consistían en: Estrenar vestido y zapatos, cenar en el restaurante La Cantina y después, tomar una copa en alguna terraza, ya que el buen tiempo se empeña en quedarse con nosotros.

 

 

¿Sabes de esas veces que tienes un presentimiento?. Yo llevaba todo el día con él. Algo iba a pasar…¿Pero el qué?. Pues podemos preguntárselo a la parte trasera de mi coche…¡Premio!. Mi hijo empezó a vomitar cuando íbamos a dejarle en casa de los abuelos.

 

 

¡Así que nada!. Cambiamos mi vestido de Adolfo Dominguez, sin estrenar, por un pantalón de chándal del Decathlon, los botines nuevos por unas deportivas fucsias y la chaqueta de piel negra fue sustituida por una sudadera con pececitos. Total, que a las 23.00, en lugar de comer cachopos, estábamos en la sala de espera de Urgencias con el pobre Sergio, a ver si le daban algo que le cortase las nauseas.

 

 

Nos fuimos del hospital a la 1.00,  con el cachorro totalmente frito, pero mucho más tranquilo y al menos, la noche no ha sido mala. Ha amanecido mucho mejor, parece que la cosa no va a ir a más. ¿Nos habremos librado de que sea un dichoso virus?.

 

En fin. ¡Cómo mola ser mamá!.

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¡Pensar!. Así de sencillo. Restaurante Baciamo le Mani.

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¡Pensar!. Así de sencillo. Restaurante Baciamo le Mani.

¡No me arrepiento de hacer las cosas según mi criterio!. Tengo miedo a equivocarme, por supuesto y es por ello, que le doy mil vueltas a las cosas. Pero os aseguro, que más miedo me da, mirar un día hacia atrás y ver que me equivoqué por hacer caso a los demás y no haberme fiado de mi instinto.

 

¡Mientras me queden restos de sentido común, haré lo que me parezca conveniente!.

 

No critico a la gente que da consejos, porque en el 90% de los casos se ofrecen con la mejor intención y para ayudar. Soy la primera apuntada a este carro, pero, he aprendido que los consejos y la ayuda, en la mayoría de los casos, deben darse cuando son pedidos. Si nadie a solicitado tu opinión… ¿Estás ayudando realmente, o imponiendo tu punto de vista?.

 

 

Creo, que muchas veces, hablamos sin pensar. Sin pensar en cómo pueden sentar nuestras palabras a los demás.  Me parece que la sinceridad hay que saber utilizarla. Confundimos sinceridad con impulsividad. La sinceridad es una herramienta muy útil, pero también puede ser destructiva, dañina, cuando no se utiliza bien. ¿Donde radica el beneficio de la sinceridad?: Pues cómo casi con todo, en el punto medio, en el sentido común, en el pensar antes de hablar.

 

 

No siempre debe decirse lo que a uno le plazca, sin pensar en las consecuencias. En este caso, me refiero a que deberíamos empatizar más con la persona que tenemos delante, pensar en cómo puede sentarle mi discurso. Pensar, pensar, pensar… No sólo soy yo, está también el otro.  ¿Quién está en posesión de la razón al 100%?. Pues aunque creamos lo contrario, me parece que nadie. Y el problema, es que intentamos imponer nuestro punto de vista, en lugar de intentar comprender que puede haber muchos caminos y muchas vertientes hacia un mismo lugar.

 

Está bien tener una opinión y exponerla, pero no imponerla. Y así, nos iría mejor, todo más sencillo.

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“Telarañas”. Marujita Restobar

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“Telarañas”. Marujita Restobar

Limpia las telarañas, aquellas que no te dejan mirar hacia otro lado.

 

Reinvéntate , cuando creas que te sientes anclado.  

 

Tira la basura, porque cuando empieza a oler, molesta, y sí, aunque creas que no puedes desprenderte de ello, puedes, tíralo,porque es un trasto inservible que no te aporta nada positivo, despídete, no hace falta que lo recicles, tíralo y olvida. 

 

Traduce trasto a pensamiento, hábito, compañías o lo que te de la gana…

 

Cuando te estanques, respira, limpia tu caja de todo lo que no sirva y empieza de nuevo, tantas veces cómo quieras, el límite lo pone la vida… Y, el objetivo, es ser feliz. 

 

 

Cajita de trastos… Beiconcillo. 

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Las persona que me gustan y el Restaurante Sita Lounge.

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Las persona que me gustan y el Restaurante Sita Lounge.

¡ Me gustan las personas!. Bueno, no todas, claro está. Siempre he sido un poco selectiva. Podría decirse que… ¡Me gustan algunas personas!.

 

 

Me gustan aquellas que dejan un recuerdo positivo, una huella, por pequeña que sea. Gente que genera un trasto en mi mente, algo agradable que recordar y que de repente, un día, sin venir a cuento, piensas en él y aparece una sonrisa en tu cara.

 

 

Una persona, un recuerdo, una sonrisa. ¡Me gustan las personas responsables de eso!.

 

 

En estos 32 años, miro hacia atrás y veo muchas caras, algunas con nombre, otras sin él, caras asociadas a una historia, buenas y malas. A veces, una de esas historias, grande o pequeña, de años o de minutos, hace que recuerdes esa cara, y que te alegres de haber conservado ese recuerdo.

 

 

Y así es la vida al final, una suma de recuerdos, una cabeza llena de trastos guardados, de lugares, de emociones, de vivencias…etc. De los que son, en gran medida, responsables otras personas…. Porque, sin ellas, no hay tantos recuerdos que te saquen, de repente, esa sonrisa.

 

 

Hoy os quiero hablar de un restaurante muy cuco para generar recuerdos positivos con “vuestras personas”. El restaurante Sita Lounge.

 

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Sueños. La leyenda del Agave.

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Sueños. La leyenda del Agave.

¿Qué son los sueños? :

 

Podríamos definirlos como: La realidad virtual experimentada al dormir, elaborada por nuestra cajita, nuestra mente, que juega con los trastos que tenemos almacenados en nuestro inconsciente, estructurando a su antojo todos los datos guardados en la memoria.

 

Los sueños son deseos, la esperanza de que algo suceda, proyectos…

 

¿Y soñar despierto?:

 

Es algo tan maravilloso, como coger todos esos datos almacenados en nuestra caja y organizarlos, conscientemente, hasta elaborar lo que te da la real gana.  Realidad virtual, creada por uno mismo, cuando y donde quiere. 

 

Hago balance de mi vida y me doy cuenta de lo llena que ha estado siempre de  sueños, en cualquiera de sus formas. Recuerdo despertar de niña y de no tan niña en medio de fantásticos sueños, e intentar volver a dormir, para poder continuar con ellos…

 

Cuantas horas de aburrimiento evitadas gracias a la capacidad de soñar despierta… ¡La de películas que me habré montado en la cabeza, mientras pasaba horas dibujando o escuchando música!. Los lápices, el papel, la pista de baile improvisada en casa… Y todos esos grandes aliados de los soñadores despiertos. 

 

Sueños absurdos, importantes, imposibles y no tan imposibles, cumplidos, otros olvidados, algunos frustrados… 

 

Porque algo tan irreal cómo los sueños puede definir a un ser humano. ¡Porque mientras siga soñando seguiré siendo yo!. 

 

Y ya que hablamos de sueños, para aquellos que sueñan con la comida mexicana, hoy os hablo en mi entrada del restaurante: La Leyenda del Agave. 

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Sistema límbico. El rincocinto de Candela.

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Sistema límbico. El rincocinto de Candela.

          El sistema límbico, ese rinconcito de nuestro cerebro tan difícil de controlar, tan complejo. Ese conjunto de estructuras cerebrales tan primitivas, evolutivamente hablando. Este sistema guarda tantas emociones, tan básicas, tan intensas, tan compulsivas: Ira, miedo, placer… Nuestros instintos, los que nos hacen ser un simple ser. Pero, a la vez, es responsable de nuestro aprendizaje, de nuestra memoria.

 

Sistema límbico, esa cajita de nuestro cerebro donde se forman nuestras emociones y sentimientos, donde guardamos los buenos y malos recuerdos de nuestra vida. Ese sistema, ese gran responsable de que seamos como somos cada uno de nosotros.

 

Cajita: ¡Dame un respiro!.

 

Hoy os quiero hablar de otro rinconcito, donde satisfacer una de nuestras necesidades más básicas: COMER. Se trata del restaurante: El rinconcito de Candela. 

 

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7 consejos. Restaurante East 47.

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7 consejos. Restaurante East 47.

 

Creo, sin duda, que tener carácter es bueno. Es positivo contar con esa chispa, con esa energía, que te ayuda a conseguir muchos de tus objetivos. Sin embargo, en ocasiones, puede que ese carácter vaya acompañado de mal genio, y esto, ya no es tan bueno, pues el “mal genio” puede definirse, incluso, como algo totalmente opuesto.

 

 

Estoy convencida de que nadie quiere tener mal genio.

 

El carácter se controla, se dirige hacía unos objetivos, te ayuda en las relaciones, te ayuda a reflexionar, a tener autodisciplina y a ser asertivo, mientras que el mal genio, es algo que te desborda, difícil de controlar, ya que es un acto visceral. Nos inunda y cuando dejamos que brote, nos convierte en un ser gritón con el que no se puede razonar y que sólo quiere imponer su punto de vista.

 

Todos aquellos que tenemos mal genio, intuimos que no es bueno. ¿Por qué?.  La razón es simple: Porque nos hace sentir mal, y algo que te hace sentir mal, no puede ser bueno.

 

Pero, el mal genio no es fácil de controlar, los que lo tenemos, venimos de serie con ello. No queremos perder el control, lo intentamos. No nos gusta explotar, no nos gusta que nos recriminen por ello. Y, aunque a veces nos cueste, intentamos cambiar.

 

 

7 Consejos para intentar controlar el mal genio:

 

 

1. Utiliza recursos que te pongan de buen humor. Por ejemplo, escuchar música, ver algo que te guste en la TV, una película positiva…

 

2. Autocontrol. Cuenta hasta 10 antes de explotar. Luego, si no puedes más, explota. La próxima vez tendrás que contar hasta 20 y la siguiente hasta 30. Tómalo cómo un juego si quieres. También ayuda concentrarte en alguna tarea.

 

3. Aléjate, en la medida de lo posible, de las cosas  y situaciones que te hacen enfadar. También de la gente que esté de mal humor. De la misma forma, intenta contagiarte de la alegría de los demás.

 

4. Dormir. Dormir, dormir. (Hay que buscar la manera de descansar). Algún día escribiré un post sobre la importancia de dormir bien. Cuidarse físicamente también ayuda, pues sentirte bien hace que estés de mejor humor.

 

5. No hay que encerrarse en uno mismo. ¿Te sientes mal?. ¿Estás de mal humor?. Cuéntaselo a alguien. ¿Un café en compañía?. Ayuda y mucho.

 

6. Aunque a veces no lo parezca, recuerda que no son los demás los que tienen la culpa de tu mal humor. En general, la gente no intenta complicarte la existencia, sino todo lo contrario. ¿Por qué pagarlo, además, con las personas a las que más le importas?. ¿Por qué estropear momentos?. ¿Por qué estropear días?.

 

7. Busca tiempo para hacer algo que te guste:  En mi caso, tengo comprobado que la semana que puedo ir a zumba o a bailar, me siento mucho mejor, me enfado menos. Y por supuesto,  salir a comer o a cenar a algún restaurante nuevo también me vale. 😉

 

Esta semana, al gimnasio he ido más bien poco, pero sí puedo hablaros de un nuevo restaurante… East 47.

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¡Qué semanita!.Restaurante Vai-Vén, 55.

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¡Qué semanita!.Restaurante Vai-Vén, 55.

Esta semana ha sido de las malas. ¿Por culpa de qué?. ¡Pues de los dichosos virus!. ¡Madre mía!. ¡Y nos la queríamos perder!.

 

 

Sergio ha pillado un dichoso catarro y ha estado irritable a niveles exagerados. Ha montando “pollos” a todas horas, incluida la madrugada. Lo peor de todo es, cuando hagas lo que hagas, no sólo no consigues calmarle, sino que va a peor. En esos momentos es muy difícil no perder los nervios, y mira que lo intento, pero la sensación de impotencia es tan grande, que es complicado.

 

 

Pero bueno, como siempre digo, los malos ratos no se quedan para siempre, poco puedo hacer  más que consultar al pediatra y kilos y kilos de paciencia.  Al final la calma termina llegando. Poco a poco la fiebre, las flemas y la tos, se van marchando, y mi hombrecillo se va calmando, volviendo todo a la relativa normalidad.

 

 

El miércoles pasado, aprovechando que teníamos que ir a recoger a mis suegros del teatro, dejamos unas horas a Sergio con mis padres y reservamos pronto para cenar en el restaurante Vai – Vén 55, y poder así desconectar un poquito, que, de verdad, nos hacía falta.

 

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